Nací en la ciudad de las letras del centro de la meseta, aunque prefiero considerarme manchega, como el queso, ante el peso de la herencia familiar y la querencia por la gastronomía. En mi caso, el lugar de nacimiento no es contingente: siempre quise ser filóloga y vivir escribiendo, pero en algún momento de mi vida decidí dejarme arropar por palabras pragmáticas y terminé graduándome en Derecho y Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Autónoma de Madrid. Me ha costado un par de años darme cuenta de que no fue una decisión tan errónea: gracias a ella, adquirí una gran disciplina y la capacidad para ser metódica. No obstante —«la verdad sea bicha»—, el mundo tan práctico no logró conquistarme, motivo por el cual me especialicé en gestión del patrimonio cultural y me doctoré en Humanidades en la Universidad Carlos III de Madrid. Al final, las pasiones emergen y es inane esconderlas.

Fruto de esta mezcolanza, actualmente me dedico profesionalmente a la gestión de proyectos y a la consultoría en las áreas de cultura, gastronomía, turismo y sostenibilidad. Además, soy investigadora y docente en estos mismos ámbitos.

Fotografía cortesía de Miki Ávila.